jueves, 4 de febrero de 2010

Si Supieramos el Futuro

Hace casi dos semanas que a eso de las 5 de la tarde tembló la tierra en Haití. No necesito decirles los resultados, ya lo han visto también. Vi una entrevista con una señora que fue rescatada del supermercado, después de unas 8 horas. Recibió un texto de la hija por la tarde, notificándole que era necesario comprarle comida al gato y pasaría un momento al supermercado, para comprarla, cuando el terremoto empezó. Pensé que si ella hubiese sabido lo que le sucedería jamás hubiese entrado allí, pero no sabiendo el futuro entró y se metió en este problema. ¿Cuántas otras personas que fallecieron vivirían, si hubiesen sabido del terremoto? Para bien o para mal, (y creo que es para bien) no sabemos el futuro. ¿Cuántas veces hemos dicho, “Si lo hubiese sabido, no habría hecho ésto o aquello? Conocí a una señora en una de las islas que se montó en el micro (guagua/bus), para ir a la capital de compras, como había hecho muchas veces. En esta ocasión, en compañía de otras 16 personas, llegó a una curva y en vez de doblar el micro siguió derecho hacia el mar. Por buena suerte se cayó en una palmera y se quedo allí. Todos salieron sin daños, excepto Ava, a la cual se le quebró la columna y quedo paralizada. Ella tenía unos 7 años visitando a la iglesia, pero nunca se bautizó y falleció sin bautizarse. Si hubiese sabido el futuro no se habría montado en el micro y después no tuvo tiempo para reconciliarse con Dios. Habían 6 amigos que fueron a pescar un sábado por la mañana en el Río Grande—5 eran cristianos y el otro no. Tenían 3 botecitos—dos en cada uno. Uno de los botes tuvo problemas con el motor y de repente, sin saberlo, se metieron al peligro y fueron tirados al río y en breve tiempo se ahogaron por la turbulencia del mismo. Cuando otro barquito se les acercó para ayudarles, éstos dos también fueron lanzados al agua y por poco fallecen también. No era la primera vez que habían ido allá a pescar y uno de los que falleció les había amonestado en varias ocasiones, “si tienen problemas con el motor y notan que se está acercando a la presita, abandonen el barco inmediatamente, para salvarles la vida.” Todos tenían puestos los salvavidas, pero en esta ocasión no les salvó. Hablé con la esposa de uno de los difuntos el domingo y me dijo, “Me dijo el viernes por la noche que quería ir a pescar, si teníamos otros planes y le dije que fuera. Si hubiese sabido el futuro, le habría dicho que no.” Pero no sabemos el futuro. Los dos difuntos estaban listos para entrar en la presencia de Dios, pero muchos no lo están. Pero no podemos saber el futuro. Por eso las Escrituras nos aconsejan estar siempre preparados para el encuentro con nuestro Gran Dios. Heb. 3 lo enfatiza: verso. 7-8, “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: No endurezcáis vuestros corazones, Como en la provocación” . Los versos 13 y 15 vuelven a repetirlo. 2 Ped. 3:9-10 dice claramente, “El Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza; sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento. 10 Más el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella están serán quemadas.” Sabiendo esto, debemos estar listos cada día. No sabemos el día de nuestra muerte, pero sabemos que moriremos. Después de la muerte, viene el juicio. (Heb. 9:27) Pero debemos ayudar a otros a entender sobre el juicio, para que se preparen también. Tol

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